En nuestro largo viaje por la mar llamada “mi vida”, muchos han sido los “piratas” que he tenido que esquivar o enfrentarme a ellos. Algunos hoy en día siguen estando ahí como un vago recuerdo en mi memoria y otros pasaron al rotundo olvido.
También muchos son los paraísos que en mi viaje he encontrado. Lugares donde he encontrado la tranquilidad, el equilibrio, la felicidad e incluso rozar el amor. Muchos atardeceres he contemplado y muchas tormentas tropicales han caído sobre mi espalda. Un poco de cal y otro de arena para no acostumbrarnos. Cuando viajas mucho, eres capaz de prevenir los hechos, tan solo con un simple soplo de aire sabes si va a llover o va a ser un sol resplandeciente, pero no siempre aciertas…
Todos estos viajes no se pueden hacer solo, necesitas estar acompañado de buenos “tripulantes” que te llevaran a buen puerto, aunque también existen desiertos que solo uno mismo puede recorrer sin compañía de nadie y que tan duros momentos nos hacen fortalecer (ya se sabe que lo que no nos mata nos hace más fuertes).
Como dijo un gran pensador: Dime con que tripulación te juntas, y te diré hasta donde podrás llegar. Yo tengo que darle gracias a la vida en si misma por haber podido juntarme con una gran tripulación, pues en gran parte, el resultado de quien soy hoy en día es de la interacción entre ellos conmigo, y yo con ellos.
Nunca olvidare las imágenes que mis retinas grabaron en mi mente a fuego ardiente y nunca serán borradas. Muchos festines nos hemos dados, pero no tantas las manos que se me extienden cuando en un abordaje del enemigo de la vida te sorprende. Esas manos son las que yo conservo en este viejo corazón de madera, y digo de madera pues hecha raíces como los árboles, raíces que se sustentan de los mejores sustratos que hay en ellos: lealtad, amistad y confianza. Bases importantísima para un navegante de su vida.
Muchos son los momentos que he vivido….pero aún esta por llegar lo mejor…y espero poder vivirlos junto a mi tripulación. Gracias, amigos.
Por Moisés G.P.